22 Jun No contrates a un Filmmaker en tu boda
No contrates a un Filmmaker en tu boda
No es lo mismo que sobre jamón del bueno del aperitivo de tu boda,
a que el filmmaker esté distraído con lo superficial del día,
jugando con sus cacharritos.
Si, esos cacharritos que levan en la mano,
Que parecen un Tranformer.
Porque si no llevan el estabilizador, el follow focus, el gimbal,
el rig, el monitor externo y un par de luces LED colgando…
parece que no son «Filmmakers».
Y ahí los ves.
Dando vueltas alrededor de los novios como moscas en una barbacoa.
Midiendo el encuadre.
Corrigiendo el ángulo.
Siguiendo su guion mental de «planos épicos».
Y luego,
Cuando ves la película,
Parece un catálogo de planos ensayados y vacíos.
Eso si, con un movimiento de cámara acojonante.
No es lo mismo que las flores se marchiten antes de tiempo,
a que el filmmaker sea un clon de la moda del momento.
De esos que andan todo el día confundidos por la jungla de Instagram.
¿Sabes lo peor de todo?
Que lo que desperdicia un filmmaker es muy difícil de calibrar.
Verás el vídeo, y si,muy bonito, mu moderno,
Pero…
Pero…
Pero si el corazón no te martillea con fuerza, si no te emociona,
Es que algo se ha desperdiciado.
Lo sentirás y no hay marcha atrás.
Yo lo aprendí a la mala.
Hubo un tiempo en que yo también iba cargado de cacharros.
«Cinematografía de bodas«, lo llamábamos. (JA!)
Hasta que un día…
Estaba yo montando el artilugio de turno
para hacer un plano increíble del ramo de la novia.
En ese momento, entra el padre de ella.
Ella lo ve.
Se abrazan.
Lloran.
Se funden en emoción pura.
Y yo… con mi estabilizador en la mano y cara de gilipollas.
No llegué a tiempo.
(Óle tú…)
Ese día entendí que los momentos no esperan a que montes el equipo.
Desde entonces, dejé los trastos.
Voy cámara en mano, ligero, rápido,
y más alerta que Eduardo Manostijeras en un parto.
Porque aprendí de golpe que, en esto de grabar bodas…
MENOS ES MÁS.
Por eso te digo, no contrates a un filmmaker, contrata a un buen videógrafo.