03 Jun Ojo, que no te engañen en tu boda.
Ojo, que no te engañen en tu boda.
Hoy voy a ir al grano.
Que me enciendo.
Fotografía documental.
O fotoperiodismo, lo llaman.
JA.
Ahora parece que todo fotógrafo y videógrafo es «documentalista».
Se llenan la boca con esos términos.
En Instagram, en su web, en sus charlas inspiracionales.
«Yo capturo la esencia del momento sin intervenir.»
«Mi estilo es puro, sin artificios.»
«Cuento historias reales sin alterar nada.»
Mentira!
Luego coincido con alguno de estos «artistas» en una boda y veo lo que hacen.
Y lo que hacen es seguir un guión.
Pero no el guión de la boda.
El suyo propio.
Foto 1, luego la 2, la 3… y así hasta llenar el álbum mental que llevan en la cabeza.
Mismas tomas, mismos planos, misma edición.
Cada boda igual.
Puede que, por pura estadística, caigan un par de momentos espontáneos.
Pero en general… lo mismo de siempre.
Porque lo que buscan no es contar la historia de esa boda.
Es alimentar su propio estilo.
Y luego están «los tímidos».
Esos que creen que ser documentalista significa grabar todo escondidos detrás de una planta.
Que no abren la boca en toda la boda.
Que si pudieran, grabarían con un telescopio desde la otra punta del recinto.
Como si no estuvieran.
….
Ni una cosa ni la otra.
El buen videógrafo se adapta al feeling de la boda.
A las personas, a los momentos, a lo que está pasando de verdad.
Sabe cuándo estar, cuándo moverse, cuándo callar y cuándo intervenir.
Porque sí, a veces hay que «interferir» para mejorar algo.
Y si sabes lo que haces, eso no resta naturalidad.
Lo que resta naturalidad es hacer siempre lo mismo.
Y voilà!
No hay más, señoras y señores.
Hoy lo dejo aquí, que tengo lío.
P.D. Si quieres un videógrafo sin interferencias mentales, agenda una llamada en el enlace de arriba.